MARINA ALEXANDRA: LA VIDA QUE SE ABRE PASO

Marina: octubre de 2005Felix-30Julio2003

Octubre de 2004.-

Salimos de Madrid el sábado 9 a las 14.00,con retraso, en un avión de Swiss con destino Zurich. Estuvimos en este aeropuerto varias horas hasta tomar otro vuelo de Swiss hacia Moscú, adonde llegamos (aeropuerto de Domodedovo) a las 2.00 de la madrugada. Andrei, el representante de Creixer Junts en Moscú, nos llevó del aeropuerto al hotel Rossia, y tras dar varias vueltas por sus laberínticos pasillos, conseguimos acostarnos un poco antes de las 4 de la madrugada...para levantarnos a las 7.30 y volver a Domodedovo, ahora para tomar a toda velocidad el avión que nos llevará a Chelyabinsk. Como veis, la preparación más adecuada para estar en forma y atentos a todo el día de la asignación.

Nos alojamos en el hotel Malajit, situado en el centro de la ciudad. En los casi 4 años que han pasado desde nuestra anterior adopción, tanto el Malajit como la propia ciudad han cambiado significativamente. Varias plantas del hotel han sido remozadas y las habitaciones son ahora mucho mejores. La nuestra, situada en la planta 14, tiene un dormitorio con dos camas, un baño con ducha de cabina, limpio y bastante nuevo, y una salita con un sofá, sillones, mesas, armario, algo de vajilla y un pequeño frigorífico. En un radio de unos 20 minutos andando se encuentran casi todos los edificios oficiales importantes (incluido el ministerio de Educación), la Plaza de la Revolución con su galería comercial subterránea, la calle Kirov, peatonal y llena de comercios, oficina de correos y cibercafés, el teatro de ópera y ballet, un gran parque, restaurantes, etc. El precio de la habitación doble con desayuno es, creo, de 140 euros, y digo "creo" porque la ecai nos ha hecho pagar todo por adelantado y aún no nos ha enviado el desglose de gastos.

El lunes 11, a las 10.30, estamos ya en el pasillo del ministerio de educación, esperando ser recibidos por la Sra. Zajárova, encargada del departamento de adopciones. Nos hacen pasar a una salita de espera donde coincidimos con otras 4 parejas españolas que vienen a asignación. Allí conocemos a Paula y Juan (los de la asignación supersónica), a Sisco (nosotros somos los protagonistas de la anécdota de la "pareja cambiada" que contó hace unos días en un mensaje)y a otros cuyo nombre, a causa de las prisas y nervios del momento, no podemos recordar. Al cabo de un rato nos hacen pasar al despacho de la Sra. Zajárova, y ésta nos suelta un vehemente discurso en el que nos exhorta a cumplir con todas nuestras obligaciones como adoptantes, especialmente a enviar los informes de seguimiento. A continuación nos enseña, literalmente durante 2 segundos, una ficha con una foto en blanco y negro de una niña. Se llama Alexandra, tiene 6 años y dos meses y vive en el orfanato de Oktiabrskoe, un pueblo del sureste de la región, muy cerca de la frontera con Kazajistán.

¡Bueno, ya está, ya se ha despejado la incógnita!. A pesar de haber vivido otro momento similar cuando nos asignaron a nuestra hija Victoria en el 2000, somos los primeros sorprendidos por cómo han transcurrido las cosas y por nuestra propia reacción. Todo ha sido muy apresurado, desde el día en que nos llamaron de la ECAI el 30 de Septiembre, así que no hemos tenido tiempo para asimilar que estamos de nuevo ante uno de los momentos críticos de nuestra vida. El acto de asignación también ha sido precipitado, con diez personas esperando a ser llamados, representantes de al menos cuatro ecais moviéndose por pasillos y despachos, y las propias prisas que las funcionarias no se molestaban en disimular. Todo ello contribuye a que vivamos esta situación como algo irreal, como si fuera más bien un sueño o un ensayo general de asignación. Ahora nos queda otro momento que esperemos no sea tan irreal: el primer contacto con la niña.

Ha surgido una pequeña complicación: el orfanato está en obras, así que todos los niños han sido trasladados a una especie de colonia de vacaciones que se encuentra en Miass, en el Oeste de la región y ya en las estribaciones de los Urales. ¡Qué casualidad! Nuestra hija Victoria es de Miass, y el día 25 hará 4 años que fuimos a esta ciudad a conocerla. Sentimos un vínculo tan fuerte con la ciudad de Victoria (os aseguro que, 4 años después, podemos reproducir casi minuto a minuto el camino que seguíamos dentro de la ciudad para ir a verla) que hubiéramos dado no sé qué porque nuestra segunda hija fuera de allí. No ha podido ser, pero, sin embargo, vamos a volver a Miass para ver a Alexandra.

El martes, 12 , poco después de las 10 de la mañana, salimos rumbo a Miass. El viaje dura algo más de dos horas, hasta que encontramos la carreterita, subiendo las colinas boscosas que rodean la ciudad por el oeste. Llegamos a la colonia de vacaciones y, en ese momento, nos dice Sacha (representante de C.J. en Cheliabinsk) que allí sólo está la cuidadora con los niños. Así pues, hoy veremos a la niña, sin tener acceso a los informes médico y social, y mañana viajaremos a Oktiabrskoe, 300 kms al este de Miass, para hablar con la directora , médica e inspectora social del orfanato, y leer los informes. Esto no nos gusta nada. Pedimos hablar con la cuidadora antes de ver a la niña y así lo hacemos. Se nos informa que Alexandra es una niña sana, sociable y comunicativa, que lleva dos años en el orfanato, pero no se nos dice nada más. Desde, luego, cansados, molestos por todo lo anterior, no estamos en las mejores condiciones para el encuentro. Pero no se pueden cambiar estas condiciones, así que tratamos de serenarnos y nos disponemos a verla. Cuando hacen pasar a Alexandra, parece como si el tiempo inmediatamente anterior quedara de repente muy lejos, como si estuviéramos suspendidos en otro lugar y momento completamente distintos. No tiene sentido comparar dos encuentros, dos niñas, dos historias. Sólo diré que, en esta ocasión, la niña que se encuentra frente a mí reacciona con timidez y transmite una sensación de fragilidad que me conmueve.

Alexandra habla poco y sonríe menos. Su expresión triste se ve reforzada por el hecho de que se le han caído varios dientes de leche y esto parece acomplejarla hasta el punto de que no hace ningún gesto que la lleve a abrir mínimamente su boca. Tratamos de jugar con ella y crear un ambiente relajado. Las horas que llevo estudiando ruso dan, por fin, su pequeño fruto. A mi pregunta "mne panimaiesh?" (¿me entiendes?) responde "Da".

Sacamos un pompero, que, como alguien ha comentado en esta lista, hace milagros con los niños tímidos. Alexandra no escapa al encanto de la maquinita de hacer pompas de jabón y, por fin, sonríe abiertamente. El encuentro se distiende y termina con sonrisas por todas partes. Jugamos un poco a la pelota con ella y, finalmente, nos despedimos.

Al día siguiente, miércoles, 13, emprendemos de mañana viaje hacia el pueblo de Oktiabrskoe, unos 200 km al sureste de Chelyabinsk. Hemos de decir que cualquier viaje por estas carreteras se convierte en un arriesgado y emocionante rally, con coches y camiones haciendo adelantamientos triples a 140 km por hora en medio de una tormenta de aguanieve. Nosotros le decíamos a Andrei, nuestro chófer, que no era necesario que nos proporcionara más emociones fuertes, que de todas maneras el viaje iba a ser inolvidable, pero no pareció enterarse.

El paisaje que vemos por el camino es impresionante. En una llanura sin fin alternan enormes bosques de abedules amarillos y abetos verdes con campos negruzcos salpicados de aldeítas de casas bajas de madera. A mitad de camino comienza a nevar y ya no parará hasta que nos vayamos a Moscú.

Llegamos a Oktiabrskoe, un pueblo más pequeño de lo que imaginábamos, y tardamos en encontrar el orfanato: nadie, de las muchas personas a las que Andrei pregunta, parece conocerlo. Cuando por fin llegamos, hablamos con la directora y la médica, quienes nos transmiten toda la información que tienen sobre Alexandra. Para ello han tenido que traer incluso los registros del centro de salud del pueblo, de modo que nos puedan enseñar los datos médicos acerca de su nacimiento. Todo parece bastante positivo. Según nos dice la directora, el orfanato es bastante pequeño (30 niños de 3 a 18 años) y las obras de remodelación lo están dotando de ventanas más aislantes y mejor sistema de calefacción. Además, se están remodelando las habitaciones para concentrar a los niños más pequeños en la planta baja. Ahora hay sólo dos grandes dormitorios, uno para los niños y otro para las niñas, y esto hace que a veces los mayores asusten o molesten a los pequeños. Cuando le preguntamos qué hacen los niños al salir a los 18 años, hace un gesto triste y nos viene a decir que buscan trabajo, pero como no hay mucho, algunos trabajan para el propio orfanato u otras instituciones similares, y así siguen vinculados al mundo que mejor conocen. A continuación vamos a un edificio administrativo en el que nos recibe la inspectora social, que nos informa sobre la historia familiar de Alexandra. Nos despedimos y regresamos a Chelyabinsk, pero antes intentamos grabar y fotografiar todo lo posible sobre el pueblo de Alexandra. Queremos guardar con avaricia las imágenes de su lugar de origen.

Pasamos la tarde en Chelyabinsk, entre el fax del edificio central de Correos (calle Kirov) y el teléfono del hotel, consultando con nuestro pediatra los datos del informe médico. Al día siguiente, con la ciudad ya totalmente vestida de blanco por la nieve, vamos a registrar nuestra solicitud de adopción ante la notaria. Después vamos al gran almacén "Dietskii Mir" (El Mundo de los Niños), en la avenida Lenin, a comprar algunos regalos para nuestras niñas. Tanbién encontramos una juguetería preciosa en un semisótano de la calle Sovietskaya, a unos metros de la esquina entre esta calle y la Avenida Lenin, como a mitad de camino de Dietskii Mir y la Plaza de la Revolución. Os la recomendamos. Comemos en la pizzería "Pomidore",en la Plaza de la Revolución, en un semisótano junto al supermercado de la cadena "Univermag". Allí nos encontramos con otras dos parejas de Madrid y Barcelona, que han ido a asignación con Asefa. Nos enteramos de que el aeropuerto está cerrado desde la noche anterior, a causa de la ventisca (la primera del año) y el viento "kazajo". Esto hace peligrar nuestro regreso para el viernes.

Por la tarde nos relajamos viendo "Ruslán y Liudmila" en el teatro de la ópera, a 100 rublos (unas 500 de las antiguas pesetas) la entrada. Estamos algo más tranquilos pero también tristes, pues el mal tiempo imposibilita que volvamos a ver a Alexandra. La verdad es que contábamos con hacer una segunda visita, jugar más con ella, dejarle fotos nuestras y de Victoria... No puede ser y nos resignamos a comenzar ya la cuenta atrás hasta el juicio.

El viernes, 15, al mediodía, se reabre, por fin, el aeropuerto de Chelyabinsk, y comienzan a salir los vuelos suspendidos del día anterior. El aeropuerto es un gigantesco caos en el que se agitan cientos de personas que intentan encontrar sus nuevos vuelos para salir de allí. Encontramos otras dos parejas de Madrid cuyo vuelo de regreso había sido cancelado y que ahora estaban esperando poder abordar un nuevo avión. Aeroflot había proporcionado hotel a los pasajeros de sus vuelos cancelados la noche anterior, pero Sibir (la compañía con la que nosotros volábamos a Moscú) sólo daba una taza de té a los suyos, así que más nos valía que llegaran suficientes aviones para sacarnos a todos de allí. Finalmente, llegamos a Moscú a eso de las 22.00.

En Moscú la ECAI nos alojó en el hotel Danilovskaya, propiedad de la Iglesia Ortodoxa de Rusia. Pasamos el sábado en compañía de unos amigos moscovitas y el domingo 17 tomamos muy de mañana el vuelo Moscú-Zurich para transbordar a toda velocidad al Zurich - Madrid (sólo 10 minutos entre nuestra llegada a la terminal y el embarque para Madrid). Llegamos a Madrid sobre las 13.30, recogimos a nuestra hija Victoria que se había quedado con su abuela y nos fuimos en coche a Sevilla, adonde llegamos sobre las 21.30. Así finalizó un viaje agotador, tenso, emocionante y, desde luego, difícil de olvidar.

Muchas de las dificultades surgidas hasta ahora han tenido su origen en nuestro país, en la incompetencia de personas que deben intervenir en el proceso o en la excesiva rigidez burocrática del mismo. También hemos encontrado quienes desinteresadamente nos han ayudado y nos siguen ayudando (esta lista es el lugar de encuentro de bastantes de ellos). Pero, sin duda, y al igual que en nuestra anterior adopción, el personaje central de este relato, el que nos impulsa a avanzar a través de este camino, no es otro que nuestra hija, esa figura frágil que ahora recuerdo nítidamente: Marina Alexandra, la vida que se abre paso, frente a todos los contratiempos, frente a todas las dificultades.


Las notas que siguen son un extracto adaptado del diario que escribimos durante nuestro viaje de juicio, tras el que volvimos con Marina Alexandra, natural de la aldea de Oktiabrskoe (región de Chelyabinsk) y de casi 7 años de edad. El viaje duró 26 días y a él nos llevamos a nuestra hija mayor, Victoria, de 8 años, a la que habíamos adoptado en Miass (también en la región de Chelyabinsk) justo cuatro años antes. Observaréis que en el relato hay pocos datos prácticos. Pensamos que ya hay suficientes en www.adoptaenrusia.com y otras webs dedicadas a la adopción en este país. Además, Rusia y el mundo de la adopción en general cambian muy rápidamente y dejan obsoletos, en menos de un año, gran parte de los datos que pudiéramos ofreceros. Esto no obsta para que, como es lógico, estemos dispuestos a informar de cualquier detalle práctico a quien nos lo solicite. Pero en este relato nos hemos centrado, sobre todo, en intentar transmitir aquello que más nos impactó de todo lo que vivimos, así como las emociones y sentimientos que experimentamos durante el viaje. Esperamos que pueda ser de interés para algunos de vosotros.

El domingo 20 de Marzo de 2005 comenzamos el viaje que nos llevará hasta nuestra segunda hija, Marina Alexandra.

Desde que la conocimos, en Octubre de 2004, han pasado cinco meses y algunos sobresaltos, pero finalmente llegó el momento de culminar esta larga marcha. Volamos a Moscú vía Zurich, y llegamos al aeropuerto de Domodedovo casi a las 2.30 de la madrugada. En este viaje arrastramos muchas heridas y nos acompaña una pesada sensación de tristeza, fruto, en buena parte, de nuestros desencuentros con la agencia. Pero en esta ocasión viene con nosotros Victoria, nuestra hija adoptada hace cuatro años en Chelyabinsk y que ahora, con ocho recién cumplidos, vuelve a su tierra natal.

A la llegada a Domodedovo nos espera Antón, representante de la agencia en Moscú, y a quien no conocíamos hasta el momento. Nos acompaña hasta el hotel Danilovskaya, donde nos acostamos a las 3.30 para levantarnos a las 7.00 y ser llevados nuevamente a Domodedovo. Tras unas dos horas de vuelo, llegamos a Chelyabinsk a eso de las 14.00 (hora local). Allí nos recibe Sasha - representante de la ecai en esta región - y nos lleva al hotel Victoria, que conocemos ya de nuestra primera asignación, en octubre de 2000. Es realmente extraño sentir que te resulta familiar una ciudad tan remota para nosotros, redescubrir con emoción lugares por los que habíamos paseado hace cuatro años y a los que tantas veces hemos soñado con volver.

Por la tarde nos lanzamos a la calle: queremos comprar algunos regalos para el personal del orfanato. La temperatura es de -8º y la calle está cubierta de hielo. En el hipermercado "Teorema", a unos diez minutos del hotel, compramos unas cajas de bombones, así como cuadernillos coloreables para Marina. El hiper, que antes se llamaba "Hiper-Sibir", y sus comercios anexos, han cambiado bastante en estos cuatro años. Pero no han desaparecido las ancianas tristes y mal vestidas que intentan vender cuatro patatas o boniatos junto al semáforo, aguantando el frío, la nieve y la indiferencia de los transeúntes.

Al día siguiente salimos a las 8.00 en dirección a Oktiabrskoe, donde se encuentra la que pronto será nuestra hija. Nos acompaña Ornella, una estudiante de Filología Hispánica a quien ya conocimos en el viaje de asignación. Son dos horas de carretera a través de bosques de abedules y abetos, pastizales, cultivos y aldeas de casas bajas, todo ello cubierto por un luminoso manto de nieve. El sol resalta aún más la belleza del paisaje. Durante todo el camino, al igual que hicimos en Octubre, intentamos no perder detalle de lo que vemos. Nos posee la sensación de asistir a un momento sagrado en nuestras vidas, y hacemos lo posible por fijar todos los detalles en nuestra memoria.

Llegamos a la aldea de Oktiabrskoe y no tardamos en encontrar el orfanato. El recibimiento que nos hacen es verdaderamente entrañable. Nos traen a Sasha (así es como llaman a nuestra niña) y nos llevan a todos a un salón luminoso con muchas plantas. En el encuentro están presentes la directora, una cuidadora y la inspectora social, la misma que ha hecho el seguimiento de la familia biológica de Alexandra.

Oktiabrskoe Marzo de 2005.jpg
Oktiabrskoe, Marzo de 2005

El encuentro entre las niñas es realmente emocionante. Sasha parece sentir especial simpatía por Victoria, si hacemos caso de la tímida sonrisa con la que no para de mirarla. Victoria la trata con delicadeza, cogiéndola de la manita mientras le habla quedamente. Con Ana también parece sentirse a gusto, mientras que se muestra más tímida con Rubén. Esto no nos extraña, puesto que apenas habrá visto hombres adultos durante estos años. La pregunto si me entiende y me dice que sí. Sacamos los lápices y los cuadernos, y se los damos para que coloree. Victoria se sienta junto a ella y le ayuda con los colores. Con ayuda de Ornella nos hacemos algunas fotos y, por fin, vemos a Sasha sonreir.

Pasados unos minutos, la directora nos invita a conocer el orfanato. Nos llevan al dormitorio y después a la habitación de los más pequeños. Allí conocemos a cuatro niños de 4 a 7 años, que no paran de brincar. Junto a ellos hay una diminuta niña de tres años, Xenia, que, desbordante de alegría, imita los volatines que dan los mayores mientras canta sin parar. En este lugar se respira alegría y cariño, lo que contrasta con las historias de los niños. Por ejemplo, de uno de ellos nos cuentan que encontraron a su madre ahorcada hace unos días. Parece increíble que la sordidez esté tan presente en la vida de estas personitas que vemos jugar tan contentas.

Emocionados, nos despedimos hasta el día siguiente, en que haremos la cuarta y última visita prescrita por los jueces. Nos llevaríamos a todos los niños y, en primer lugar, a los dos mayores que, seguramente enfermos para no haber ido a la escuela, nos miran con tristeza. La directora nos ha dicho que hay casi 40 niños, de 3 a 18 años, y que cuando terminan su estancia allí, la mayoría no encuentra trabajo. Como tampoco suelen tener familia, muchos viven en habitaciones de una especie de residencia o incluso en el orfanato, haciendo pequeños trabajos para el mismo.

Al día siguiente volvemos a Oktiabrskoe, esta vez con Sasha - el representante de la agencia- y nos hacen pasar nuevamente al salón de las plantas. La directora toma a Victoria de la mano y la lleva al cuarto donde está Alexandra que, en cuanto la ve, la abraza. En el salón jugamos los cuatro y nos hacemos fotos. Después la directora nos hace pasar a otro salón, donde comemos todos juntos. Cuando le agradecemos su hospitalidad, nos responde que es lo mínimo que se puede hacer con personas que vienen de tan lejos a interesarse por un niño.

Durante la comida, nos dicen que ésta es la primera adopción internacional que se hace en Oktiabrskoe. Hasta el momento sólo ha habido cuatro adopciones por parte de familias rusas. También nos comunican que están preparando un álbum con todas las fotos que tienen de Alexandra desde su ingreso allí hace dos años. Nosotros empezamos a pensar en qué podría necesitar más el orfanato para regalárselo. Nos despedimos hasta el día siguiente, en que nos veremos en el juicio.

El jueves 24 de Marzo llegamos a la sede del tribunal y nos sentamos a esperar en un vestíbulo junto a las escaleras. Al parecer, a última hora ha habido un cambio de jueza, y eso ha ocasionado un pequeño retraso. Cuando pasamos a la sala, la secretaria y la fiscal piden a la inspectora social un papel que no tiene. ¡Primer contratiempo! Nos sentamos en un banco con Victoria al lado - la jueza ha permitido que nuestra hija asista al juicio - y comenzamos a inquietarnos. ¿Se atrasará el juicio?

Por fin entra la jueza y hace que la inspectora llame a Oktiabrskoe para que manden el documento por fax. ¡Uf! Parece que se soluciona este problema. Por fin comienza el juicio.

Las preguntas se suceden de acuerdo con el guión previsto, muy similar al juicio de nuestra primera adopción. No hay nada especialmente llamativo, nada que no hayamos hablado antes con el representante de la agencia. Sólo hay una diferencia con el juicio de Victoria. La fiscal me pregunta si hemos hecho algún pago a los representantes, intérprete, orfanato, etc. Cuando les llega el turno a la directora del orfanato y a la inspectora social, éstas emplean un tono coloquial y muy persuasivo que nos llama la atención.

Terminado el interrogatorio, la jueza sale y a los pocos minutos vuelve a entrar para leer la parte resolutiva de la sentencia, favorable a nuestras pretensiones. Al salir, nos felicita y felicita a Ana por su próximo cumpleaños.

Cuando volvemos al hotel, el representante de la ecai nos propone ir un día al orfanato en el que estuvo Victoria, en la ciudad de Miass. Aceptamos entusiasmados: nada nos hace más ilusión que volver, cuatro años después, al lugar en el que conocimos a nuestra hija.

Por la tarde vamos al Teorema para aprovisionarnos de lo necesario para celebrar el resultado del juicio. Enviamos mensajes a familiares y amigos, y poco después comenzamos a recibir felicitaciones.

A partir del día siguiente comienza el período de espera hasta que la sentencia se haga firme, y que durará hasta el 6 de Abril. Comienza también lo que será una vida social más intensa de lo que imaginábamos, gracias a las muchas familias españolas que conoceremos. Ese mismo día conocemos a Susana y Manolo, Laura y Patricio, María y Jordi, con quienes comimos en la pizzería Pomidor (tomate) de la Plaza de la Revolución. Dos días después nos encontraremos con Antonio y Mª Carmen, de Terrassa, con quienes compartiremos muchos buenos ratos. Con todos los nombrados y algunos más paseamos, comemos, charlamos largamente y, en definitiva, compartimos nuestros sentimientos, temores y esperanzas. Su trato fue, para nosotros, un placer y un honor.

Durante estos días adquirimos una rutina muy agradable. Salimos a pasear a diario, y quien más disfruta de esto es Victoria. Para ella la nieve no era más que un vago recuerdo. Ahora juega con ella, nos tira bolas, patina con una habilidad pasmosa... en fin, se muestra feliz con estas vacaciones inesperadas. Y nosotros estamos encantados teniéndola a nuestro lado en Rusia. Los tres juntos, sin tener que trabajar ni ir al colegio, relajados tras pasar el juicio y con todo el día libre en una ciudad a la que nos unen lazos tan fuertes. ¡Qué mejores vacaciones que éstas! Empezamos a pronunciar con frecuencia una frase que ya no nos abandonará durante el resto de este viaje: No me quiero ir de aquí.

El jueves 31 de Marzo es el día acordado para nuestra visita a Miass. Esta ciudad se encuentra a casi dos horas en coche al suroeste de Chelyabinsk. En nuestra primera adopción hicimos tres veces este camino y lo tenemos grabado en la mente de una manera tan vívida que cuando en el tercero de estos viajes (íbamos a recoger a Victoria) el conductor entró en la ciudad por un acceso equivocado, pudimos indicar inmediatamente por dónde tenía que ir. Ahora nos sentimos más nerviosos que en los dos juicios ya pasados: cuatro años después, volvemos con Victoria al lugar donde la conocimos.

Victoria-Abril2005

A las 8.30 salimos del hotel rumbo a Miass, en compañía de Ornella. El día soleado ayuda a disfrutar el paisaje, todavía enteramente nevado. Cuando llegamos a Miass, nos dirigimos a la sede local del departamento de tutela, donde trabaja la inspectora social que declaró en el juicio de Victoria, y Ornella nos dice que entremos. Al subir nos encontramos en una habitación con todas las personas que intervinieron en el proceso de Victoria y que quieren saber de ella. La acogida, inesperada, es calidísima. Durante varios minutos yo no puedo hablar: las lágrimas y un nudo en la garganta me lo impiden.

Tras los saludos, se hacen fotos con nosotros y nos sientan a una mesa con vino ruso y pastas. A Victoria le entregan regalos y a nosotros nos preguntan todo lo que se les ocurre sobre la adaptación de la niña a su nueva vida en Sevilla. Yo me arranco a hablar en ruso y les explico lo que puedo. Donde no llego yo, llega Ornella.

Por fin, nos despedimos de todos ellos conmovidos por su calidez y nos vamos, junto con la inspectora, al orfanato. Por el camino, charlamos animadamente con esta señora afable y con mucho sentido del humor. Cuando más tarde se despida de nosotros, lo hará de manera efusiva y conmovedora, diciendo que "pidamos a nuestros paisanos que vengan a adoptar los muchos niños que hay allí, aunque ella se quede sin trabajo".

El camino a través de la ciudad nos hace ver que ésta apenas ha cambiado. Las casitas bajas junto al lago, los bloques de viviendas de época soviética, la enorme fábrica de camiones... todo está igual que en nuestra memoria. ¡Cuántas veces hemos recorrido mentalmente este camino! Cuando llegamos al orfanato, nos lo encontramos rodeado de nieve y sol, exactamente igual que el día - hace ya cuatro años - en que nos fuimos de allí con Victoria. Entramos y el recibimiento nos corta la respiración.

Primero llega una cuidadora que se abraza a Victoria y nos recuerda cómo ésta le llamaba "mamá". Después llega otra señora corpulenta que estuvo muy presente en nuestro primer encuentro con la niña, y tras ella la subdirectora. Ambas nos abrazan emocionadas. Cuando por fin subimos al comedor donde tomaremos el té, aparecen tres de los niños que estuvieron con Victoria, entre ellos uno, Sirozha, que aparece en la foto del grupo que nos dieron en su día. Por último, llega quien fue la cuidadora más directa de Victoria durante el tiempo en que estuvo allí. Nuestra hija la reconoce y se funden en un abrazo enternecedor.

Nos sentamos a tomar el té y conversar. Es entonces cuando se apodera de mi la sensación de que los años que llevo estudiando ruso no son más que una preparación para este momento. Hablo y hablo, tratando torpemente de explicarles cómo es la vida que nuestra hija lleva con nosotros en Sevilla. Victoria canta una canción y la subdirectora llama por teléfono al director (en viaje profesional en Vladimir) para que se la cante. Nos hacen las mismas preguntas que en el departamento de tutela: quieren saberlo todo acerca de Victoria Yulia, de su adaptación, su salud, su marcha en la escuela, su carácter, etc. También nos refieren algunas anécdotas de su estancia en el orfanato. Por ejemplo, en una ocasión una cuidadora le dio un cachete a Victoria y ésta le dijo: "aunque me pegues, te quiero". Nos recuerdan también que le gustaba mucho cantar y bailar, y que era la animadora de las fiestas infantiles. Finalmente, nos regalan una foto de todos los niños del orfanato en el año 2000 - cuando conocimos a Victoria - y nos relatan el destino de algunos de ellos: dos están en España, otros han cambiado de orfanato, otros siguen allí. El caso de Sirozha es un buen ejemplo: con ocho años está casi irreconocible con respecto a la foto que tenemos de él en Sevilla, tan alto, delgado y, sobre todo, serio. ¿Qué futuro le aguarda?

Nos hacemos fotos y, a continuación, recorremos el orfanato, mientras nos explican las actividades que desarrollan. Éstas se centran especialmente en la fabricación de prendas de vestir, toallas, peluches, etc. De este modo los niños aprenden un oficio que les permitirá ganarse la vida al salir del orfanato. Parece claro que los fondos recibidos por este orfanato están bien empleados. El cariño con que tratan a los niños se trasluce en muchos detalles. Cuatro años después, a Victoria no sólo la recuerdan sino que la siguen queriendo. Por nuestra parte, a estas alturas de la visita nos embarga la certeza de que una parte de nosotros vivirá para siempre en Miass.

Antes de salir de la sala donde nos hicimos las fotos para continuar la visita, una niña de unos diez años, delgada, pálida y de ojos azules vivísimos, se acerca a Ana, le entrega un caballito de miga de pan y, a continuación, se abraza fuertemente a ella. Ya no soltará su abrazo durante el resto de la visita. A los dos nos atenaza la garganta un sentimiento de tristeza e impotencia que no nos abandonará fácilmente.

Por fin termina la visita y nos despedimos emocionados de todo el mundo. Sirozha y Ángela (la niña abrazada a Ana) nos besan y se despiden con un da svidania tan trémulo que nos hiela nuevamente la sangre. ¿Qué será de ellos en el futuro? Decididamente, una parte muy importante de nuestras emociones y sentimientos morará aquí para siempre.

De vuelta a Chelyabinsk, seguiremos durante mucho tiempo bajo el impacto emocional de nuestra visita a Miass, aunque retomemos enseguida nuestras rutinas. El representante de la agencia nos comunica que no será preciso que vayamos a Oktiabrskoe a recoger a Marina Alexandra, pues la directora del orfanato tiene que ir el día 4 a Chelyabinsk para llevar unos niños al hospital, y aprovechará esta circunstancia para llevarnos a Marina. Lo agradecemos mucho pero, al mismo tiempo, lamentamos no volver a ver el orfanato, los niños, el pueblo, en fin, todo lo que ha rodeado hasta ahora a quien va a ser nuestra segunda hija.

Por fin, el día señalado, se presenta en el hotel la directora del orfanato, trayendo a Marina Alexandra. Entregamos a la directora las bolsas de juguetes que hemos comprado para el orfanato (ella misma nos había dicho que era lo que más necesitaban) y un álbum con las fotos de la asignación y de nuestras visitas. Ella, a su vez, nos hace entrega de unos animalitos hechos en miga de papel por los niños, y también de un álbum con fotos de Marina desde que, dos años atrás, ingresó en el orfanato.

Victoria, Ruben y Marina-Abril2005
Victoria, Ruben y Marina-Abril2005

La llegada de la niña, muy seriecita y envuelta en sus mejores galas, es emocionante, pero lo es aún más la despedida de la directora en el hall del hotel. Marina empieza a llorar desconsoladamente. ¡Pobre niña! Se ha quedado sola, separada de las personas que la entendían.

Para evitar situaciones difíciles, decidimos irnos a la calle y desarrollar una actividad frenética. La calle resulta de una eficacia casi mágica: con su variedad de estímulos visuales, a cada cual más excitante por novedoso, encandila a Marina. Lo primero que despierta su admiración es un trolebús. A partir de ahí, todo lo que ve es para ella un descubrimiento.

Ana, Victoria y Marina-Abril2005 Pasamos el resto del día bien, sin que se repita el conato de crisis de los primeros momentos. Marina come y duerme bien. Victoria colabora extraordinariamente y se muestra muy solícita con su hermana. Al día siguiente por la tarde ya tenemos el pasaporte ruso, la nueva partida de nacimiento y el certificado de adopción, además del billete de vuelta de Marina a Moscú. El miércoles 6 de Abril volamos hacia allá, alojándonos nuevamente en el hotel Danilovskaya, el del patriarcado ortodoxo. El jueves 7 pasamos un buen rato en la embajada y el consulado españoles, formalizando la solicitud del pasaporte español de Marina, su inscripción en el registro consular y en nuestro libro de familia. Nos han confirmado que todos estos documentos estarán listos el próximo martes. Pensamos que merece la pena estar tres días más en Moscú pero volver con la documentación española de nuestra hija al completo. Así nos ahorramos muchas complicaciones burocráticas en nuestro país.

Victoria, Ruben y Marina-Abril2005 Los días siguientes vuelven a ser unas dulces vacaciones en Rusia, pero ahora con nuestras dos hijas. Hasta tal punto es así que no adelantamos los billetes de vuelta, que ya teníamos para el día 15. Paseamos por Moscú, volvemos a los mismos lugares que conocimos con Victoria hace cuatro años, nos citamos con los amigos moscovitas que hicimos en aquella ocasión y, en definitiva, nos dedicamos a alimentar nuestra nostalgia. Naturalmente, también ha comenzado el proceso de mutua adaptación con el nuevo miembro de nuestra familia. De momento, las cosas van bien, aunque sabemos por experiencia que es demasiado pronto para asegurar que no habrá problemas.

Por fin, el viernes 15 de Abril nos despedimos por el momento de este país en el que hemos pasado momentos tan importantes de nuestras vidas. Volveremos a Chelyabinsk, a Miass y a Oktiabrskoe, pero ahora debemos afrontar otra aventura, ésta en nuestra casa: hacer de Marina Alexandra nuestra hija, reajustar las relaciones entre los cuatro y conseguir que restañen las heridas de muchos tipos abiertas durante estos años. El final de estos procesos, que empezaron en 1997, ha sido feliz, pero de ningún modo queremos olvidar las muchas cosas que nos han sucedido. Queremos, eso sí, asimilarlas, para lo que necesitamos tiempo y sosiego. Una vez que nuestra vida se normalice, volveremos a escribir acerca de Marina en su nuevo hogar.

Victoria, Ruben y Marina-Abril2005 Rubén Nieto. Sevilla, 16 de Julio de 2005.

Victoria y Marina
Octubre de 2005